.

Una se pone bonita, de rosa y carmín, de plancha y tacón, maquillaje, frenesí, nervios.
Una se pone perfecta, hasta el último detalle, hasta lo que no tiene precio y nada vale,
pero una se sigue poniendo bonita, porque llegará ese día en el que no lo estés y venga quien te diga -Hoy estás igual de bella que el día-, entonces todo cambia, pero de momento ese alguien también es mentira.
Pueden pasar los días y nada va a cambiar, porque lo que hay dentro de la mente es incontrolable.
Una se puso bonita, estuvo toda la noche pensando qué para impresionar, organizó y deshizo, creo y se comió, pero sin recompensa porque otro día más todo se fue al traste. La verdad es que no hay que hacer gran cosa para que algo no surja, la cuestión es no hacer nada para que sea lo que tenga que ser, pero...dónde queda el interés, lo mágico, lo inesperado, dónde quedan las ganas y, lo mejor, dónde se guardan las desganas para que no se noten.
Una vez escuché que todo, menos el amor, era mentira, y pensé que qué capítulo me había perdido o qué vida paralela vivía para pensar exactamente eso, porque creo ahora, que todo va al mismo saco.
Raya negra, secador, piel de terciopelo, deseo y poder, pantalones ajustados, zapatos de tacón, cuando no son...no son.
No hay fórmulas, no hay receta ni manual, nadie sabe cómo marcar las pautas de la decepción, pero todo acaba cansando cuando esperas y ves que no llega, y luchas contra corriente a fuerza de cólera y arrebatos, pero nada, tal vez sea eso lo que nos pierda, perdón, en singular.
Cuentan que hay veinte pasos para seguir adelante: el conocerse, la libertad, el amor, la risa, el escuchar, la humildad, la cordialidad, lo interno, lo externo, el venderse, la compañía, el saber, la creación, el tiempo, el evitar, negociar, competir, el coraje, el empezar, el resultado; pero ¿qué hago con lo demás si escuché que todo, menos el amor, era mentira?
Me conozco, tengo la libertad de conocerme, de conocer, de hacer y deshacer, amó desde que nací y cada vez más aunque no sea recíproco porque no se puede controlar, y la libertad para amar es peligroso, porque amamos a veces tan libremente que podemos hacer daño a quien tenemos a nuestro lado, pensando que nos conocemos y que conocemos al otro, realizando todo aquello que le hiere, o no, pero que siempre, también libremente nos acabamos haciendo o haciendo daño, arrepintiéndonos, como no, tarde de que realmente amábamos de una manera natural, porque la persona que nos ama, nunca nos amará mal, el amor en sí no es dañino, pero si libre y conocedor, porque cuando reímos, amamos, cuando reímos nos sentimos más libres para abrirnos y explorar, porque si escuchamos, podemos hacer todo lo contrario, y si lo hacemos, podemos hasta incluso entenderlo, porque humildemente, sólo somos un granito en una montaña de arena, pero que sin los granitos no habría elevación, ni el viento podría chocar libremente contra ella, para friccionarse como lo hacen los que se aman, diciéndolo de una manera fría, pero con conocimiento, ya que lo cortés no quita lo valiente, ni lo que hay dentro se ve siempre por fuera, y al revés.
Reconozco que yo no nací para venderme, porque libremente y por el amor propio que me tengo, nunca quise ponerme precio y creo que no todo se puede comprar, ni las risas, ni las palabras, aunque, a veces podamos querer vender lo que escuchamos, desde mi humilde opinión, no todo tiene un precio. Porque por mucho que tengamos, siempre hay momentos para estar solos, tal vez incluso nos podamos sentir así, porque hasta una sonrisa nos puede conllevar a una lágrima que con libertad pasea por la mejilla y acaba en tu mano para secarla.
A veces sólo sé que no sé nada, dijo alguien inspirado. Sé el nombre y sé muchas cosas que he aprendido, incluso que la vida me ha enseñado, pero todo es la misma historia en cuerpos diferentes, y aunque tú ya lo hayas vivido, yo tengo que vivir mi experiencia con mi propia estampación; luego lloraré, después reiré, más tarde seré libre para levantarme del suelo y saber si quiero volver a caerme, escucharé a mi corazón con humildad, aunque a veces pueda maltratarlo internamente, haciendo que nadie lo note desde fuera.
Haré un mundo interior enorme, lleno de jardines y belleza donde me sienta bien; escribiré, cantaré, reiré de nuevo, y me reiré de mí, incluso me plantearé la idea de quedare a vivir dentro, para amarme más a mí misma, pero sé que dentro tendré tanto tiempo para mí que acabaré no apreciándolo. Porque puede ser que el tiempo sea oro, pero una vez, y no hace mucho, decidí que yo tenía todo el tiempo del mundo...incluso para engancharme a algo o a alguien, con el problema que iba a necesitar el mismo tiempo para despegarme, porque no entiendo porque se apaga el amor cuando es amor de verdad, y te ríes de una etapa, y te miras al espejo y después de levantarte siempre hay alguien externo que se ríe también, y acabas diciéndole al eco: ja ja ja, qué gracia!!!
Nos lo miramos todo tanto que nos perdemos una gran parte de aventura, y la aventura empieza en uno mismo, después en el otro, pero sin jugar, que la niñez sólo es una etapa del crecimiento, aunque no fríamente, es mucho más. Si tú me das uno y yo te doy dos, tengo sólo una definición técnica, aunque muchos adjetivos, y si eso pasa habitualmente sólo tengo una definición y un nombre, gilipollas! pero hasta eso nos hace gracia, incluso cuando nos quedamos en bancarrota, total! más abajo del fondo, qué hay? y venga a reírse de uno mismo, con optimismo y alevosía, pero en el mismo fondo nos amamos. Y luego lloramos porque no lo hicimos bien, conocimos a alguien, le dimos libertad para escoger quedarse y amarnos, reímos juntos, lloramos, incluso a veces, por separado, escuchamos los problemas y las alegrías, vimos como los problemas se hacían sonrisas y las risas, penas; fuimos amables hasta en los peores momentos, tal vez por eso, por no empeorar más la situación, pero mostramos siempre lo que llevábamos dentro y jamás escondimos nada para que por fuera no se notara, seguro? Nos dimos a conocer como si fuéramos un producto, el mejor del mercado, ese que tenía mucha demanda y debíamos conquistar el corazón del amado para que potencialmente y porque era lo mejor que tenía, se nos llevara a casa; elegimos a los que nos rodearon, también nos reímos de ellos como ellos de nosotros, delante y detrás, porque el mundo es así, y así, también llegaron las despedidas. Juzgamos queriendo no ser juzgados, y sobre todo lo hacemos cuando vemos un peligro, como si fuera una competición, porque nos daba miedo perder, pero de qué tenemos miedo y qué tememos perder, si daremos ese paso más después de la vida con lo mismito con lo que llegamos, nada.
Y volvemos al principio una vez y otra, y nunca nos acordamos de que las historias siempre son la misma historia en cuerpos diferentes. Esto sea lo que sea, lo marcamos nosotros, y en el fondo, sólo queremos ser libres para amar, que nos amen libremente, reír incluso de nosotros mismos, que nos escuchen en lo bueno y en lo malo, escuchar incluso en la enfermedad, sencillamente tierno, sencillamente natural, dentro y fuera de lo que nos rodea, estemos donde estemos, sin tener que poner un precio porque con la buena gente nadie se compra. Olvidarse de lo malo y crear lo bueno con tiempo, sin dependencias, pero con estabilidad, no dejar en el intento ni mucho menos competir, porque el miedo tan solo es un vacío lleno de espíritus que hacen procesión para fundirnos, porque no hay que tener miedo al levantarnos, el sol sale para todos, incluso cuando tu persiana está bajada, es tu decisión no dejarle entrar. No puedo dudar de las cosas.
Por eso no puedo quedarme con lo que escuché, si todo menos el amor es mentira, en qué debo creer, aparte de en mí misma?
Ma