.
Hay tantas clases de luces, tantas clases de tiempos, tantas clases de días que al final lo que menos importa es la clase. No importa de dónde vengas porque siempre te encontrarás por el camino con quienes no vinieron del mismo lugar que tú ni contigo. Hay tantas clases de vías que no tienes porque pensar que llegarás antes si pagas peaje, a veces el barro en el sendero ayuda a ir más lento y conocer lo que estás pasando, aunque como dijo alguien inspirado: cuando el carro esté roto muchos te dirán por donde no debías haber tirado, pero es que ¿por el mejor camino no puedes pinchar? Hay muchas clases de señales, muchas clases de líneas y muchas clases de sentar mal. Yo he decidido ir a pie aunque haya muchas clases de cansancio, si lo hago, alguien podrá pararse a atenderme, porque hay muchas clases de personas y yo estoy entre ellas. Los pasos son los que hacen nuestros pies, los que hacen nuestra mente y ahí dentro hay tantas clases de desconocimientos… Sólo existe una decepción y nunca vale la pena hacer sangre, porque ¿qué clase de persona sería si me alimento así? Pues la misma que soy ahora pero en otro momento de esta vida de clases, de estos días clasistas a los que siempre les afecta la gravedad, la caída es la misma, el vacío es distinto. Ojalá pudiera decir que estoy a salvo, pero no es cierto; me rio cuando antes sólo quería estar expuesta a todo, hasta al pecado, hasta lo más recóndito de la aventura más “desventurizada“ desde esta clase y humilde cabeza que es la mía.Es peligroso el poder tanto como el hambre, lo peor de todo es que sin tener lo segundo somos capaces de devorarnos entre nosotros sin reparos y sin ningún tipo de remordimiento, porque la clase es un punto que no siempre juega en nuestro campo. Desde pequeños aprendemos y también aprendemos a aprender porque es nuestra natura, la que no va acompañada de bosques, aunque de mayores nos demos cuenta de los inmensos jardines en los que somos capaces meternos, solitos…por suerte todos seguimos teniendo un niño en nuestro interior, aunque por ello no han de llamarnos irresponsables, porque la clase es la primera que oculta eso, y no se es más grande, más hombre, más inmortal, sí más pedante, quien sea capaz de intentar ahogar las ilusiones que nos alimentan, aunque no las comparta. Por una palabra no se pueden poner etiquetas, por un gesto no se deben sacar conclusiones, por una mirada no se puede adivinar el estatus. Yo soy de esa clase de personas que esté donde esté y con quien esté, sólo sabe que debajo de los pies está el suelo, que no importa lo que el de enfrente lleve en los bolsillos, ni de donde venga, mientras que vayamos por el buen camino...
MS
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario