Muchas veces no existen las palabras...estas se duermen...el tiempo no pasa, reposa...y decides detener por un instante, largo, tu camino; no seguir por donde siempre quisiste, e ir a buscar esa felicidad que un día encontraste y viste marchar... incluso viste por dónde...porque las cosas cambian de orden, porque el orden cambia de sitio.
He ido demasiado tiempo en contra del reloj, demasiadas tonterías han pasado mientras yo esperaba seguir andando; tantas noches en vela y otras tantas velas consumidas mientras no dormía. En este tiempo reconocí el miedo, me hice amiga de la culpa y me senté a hablar con la rabia, esa que durante tanto tiempo ha hecho de mí su nicotina, y me ha servido para mucho el silencio. Que calle no quiere decir que no diga!
He derrumbado mi ciudad de casas vacías mientras el mundo seguía dando vueltas, y no ha sido triste, ni siquiera cuando se desplomaba todo, porque después de una cara siempre hay otra, porque de amar nadie se libra aunque quiera, ni a uno mismo, tampoco de caer después de hacerlo, ni de vivir una guerra, aunque no hayan armas ni muera nadie. Mientras, no he tenido palabras para compartir con nadie que no fuera yo, aunque me llamen egoísta ahora. Mientras estuve en silencio, nadie me dijo qué debía hacer, y nadie los llamó egoístas a ellos...este silencio me ha enseñado a ser grande...y que grande que no todos hayan escuchado mis historias.
Sólo una gota de mi nombre resistió a la sequía, por suerte la mayor parte de mi cuerpo es agua, por eso para ser feliz me basta con sentir el frío...eso significa que estoy viva...porque para enfriar una sartén sólo hay que retirarla del fuego...eso hice conmigo.
El silencio me ha hecho grande, los años no me han envejecido.
MS

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